Fue un fin de semana muy intenso, ya que en el pueblo vecino se celebraba una de las fiestas más importantes del año, y allí estuve. Recuerdo que tuve que ir a jugar con mi equipo el domigo por la tarde (después del órdago de la noche anterior), contra un equipo que no era mejor que nosotros aunque nos ganó en la primera vuelta.
Por motivo de la mencionada fiesta, muchos de mis compañeros de equipo no se presentaron, así que tuvimos que jugar 10 tíos con algunos cadetes, y mermados físicamente por la falta de sueño y el abuso del alcohol. El partido comenzó mal, nos marcaron un gol. Pronto empatamos, pero acabamos la primera parte con un 1-2.
En la segunda parte salimos de nuevo los 10 valientes que querían acabar la liga ganando (habíamos ganado todos los partidos en casa). Poco a poco fuimos ganando metros y acosando al rival, hasta que después de recibir una falta enfurecí de rabia y empecé a gritar a mis compañeros que aquellos mantas no nos podían ganar, que éramos mejores y había que echarle cojones. El partido acabó 3-2, finalmente ganamos.
Después de que muchos de nosotros fueramos sin dormir, con muchos cubatas en el cuerpo y habiendo aspirado mucho humo, con chavales de la categoría inferior y sin titulares habituales, ganamos ese partido porque como he dicho al principio éramos mejores, y porque teníamos un orgullo que mantener. Después de ello fui a tomar unas cervezas con mis compañeros.
Bien, llegan las 9 de la noche (afortunadamente, no tuve el gusto de ir aquel día al Calderón) y me voy al bar a ver el partido del plus. "Bueno, -dije- a ver si les metemos mano a estos, que últimamente se nos dan bien". Durante la semana había oído que muchos querían dar los 3 puntos al Barça para evitar que el Madrid ganase la liga. "La gente está hasta la polla, -pensé- y por 3 puntos no nos quedaremos sin UEFA". Y lo sigo pensando. La clasificación se perdió 3 semanas más tarde, en casa, contra un equipo que está en segunda.
De todas las maneras, yo firmaba un 2-1 o un empate. El partido comenzó, y mis pronósticos no eran para nada desmedidos, un partido abierto, esperando alguna cabalgada del niño para matar. Llegó el minuto 40, Pichu (con nombre de Pokémon, pero no el único que había en el 11 titular) sale a por uvas, y nos marcan el 0-1. "Vaya putada irse con un 0-1 al descanso..." 2 goles más de semejante factura adornaron con el 0-3 el luminoso del Calderón.
"Esta es la crónica de una muerte anunciada." -Pensé- Aunque también se me pasó por la cabeza la idea de una victoria con goleada épica en la segunda parte. Pero en este Atleti, los sueños se quedaron como los míos, en mis cuadernos de primaria, junto a las rayas y las estrellas que coloreaba cuando mi imaginación volaba en clase. La realidad fue otra, la más factible tirando de estadística y sentido común, otros 3 en la segunda parte y un 0-6 que escuece todavía. A nosotros, quienes lo lograron se pajean leyendo esto.
La idea más firme después de ver el despropósito de nuestros jugadores fue dejar de lado el mundillo del fútbol, que tan corroído parece. La promesa de la posible clasificación a última hora contra Osasuna me hizo reflexionar, y apunto estuve de olvidarme de todo esto. Fue el mundial sub-20 y un señor que hace fútbol sin proponérselo quien me arrastró de nuevo.
Sergio Agüero, quinto mío que bien pudo jugar conmigo aquella tarde de mayo, cuando junto a mis compañeros de equipo y de juerga demostramos más cojones, coraje, orgullo, dedicación y amor por el fútbol que la banda de patanes que ensuciaron el nombre del Atlético de Madrid.
Aquel 2-0 que nos llevó a lo más alto. Recuerdo que lo vi en un bar de Valladolid que estaba lleno de atléticos. Aún era pequeño para saber lo que ello conllevaba, pero fue uno de los momentos en los que me contagié del sentimiento atlético. Recuerdo las caras de la gente, caras de una satisfacción que no se ve en otros seguidores cuando ganan sus equipos. Recuerdo el gol de Kiko, que no podía ser más perfecto para acabar con una temporada gloriosa.
Soy joven y no tuve le gusto de presenciarlo en directo, pero gracias a mis familiares atléticos pude ver el partido cuando aún era muy pequeño. Eso era un equipo como dios manda, que jugaba como un grande debe de jugar ante un título importante como aquel. Me hubiera encantado ver a Adelardo levantar esa copa en directo.
No ganamos, cierto, pero aquel partido no se nos olvida a nadie. Aunque perdimos, pocos equipos pueden decir que han marcado 4 goles en el Camp Nou. Además, fue un partido digno de los grandes, de aquel Atlético que era muy grande. Recuerdo a Pantic, grandísimo siempre, que en aquel entonces era mi ídolo, y seguirá siendo uno de ellos. Gran partido.
Este partido le pude ver por televisión. Recuerdo que cuando marcó Pantic era ya demasiado tarde para estar despierto, pero quel día se me permitió la excepción. Aquella copa que se ganó a primeros de abril fue el principio de lo que al final se conseguiría. Se puede decir que fue el primer título que viví con nuestro Atlético, por ello siempre será especial.
No hay una razón concreta. Cada uno empieza siendo del Atleti por sus familiares (mi caso), simpatía con los colores, etc., pero el sentimiento, la razón verdadera del amor a este escudo y a estos colores, no se puede explicar con palabras. Es una forma completamente diferente de disfrutar del fútbol, una manera de sentir este deporte con la intensidad y el gusto que hacen que sea algo grande. Es una unión irrompible, estando en el cielo o nadando en el barro, siempre unidos.
Como estoy un poco hasta los cojones, voy a tirar de sátira para así conseguir arrancar una sonrisa a aquellos que visiteis mi perfil.
Este crack mediático y futbolístico conocido por todos como "O rei", ha conseguido en media temporada hacer olvidar al último gran organizador de medio campo, Milinko Pantic. Suso García Pitarch, autor en gran parte del equipazo que este año ha confeccionado el Atlético de Madrid, consiguió la contratación del fino pivote carioca por la irrisoria cantidad de 6 millones de euros, convirtiéndose como él mismo prometió , en "el nuevo Deco".
"O rei" tiene todas las condiciones para conseguir un mayor reconocimiento a nivel mundial, ya que el ex de Santos tiene 26 años y una gran proyección para aumentar su ya abultado palmarés. Internacional indiscutible con su selección, el brasileño es uno de los nominados para el FIFA World Player y para el Balón de Oro que otorga la prestigiosa France Football.
Por estas razones puntuales, creo que debe de encuadrarse a Cléber dentro de las grandes figuras sudamericanas del Atlético, como Fabiano Eller, Adolfo "Tren" Valencia, Richard Núñez, Rubén "Pollo" Olivera o Marcelo "Pato" Sosa.
Tampoco es tan difícil escribir como un periolisto, si no, mirad a Manolete.
1 saludo.
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